“Prefiero dormir debajo de un puente, porque en los albergues no me dejan llevar a mi gata”
El pasado 4 de octubre, la actriz Beatriz Rico subió una fotografía
impactante y esperanzadora a su cuenta de Twitter. Le acompañaba el
comentario: “Mirando el cristal de la cafetería no pude quitarle el ojo.
No debe de tener ni un mes”. En ella se podía ver a un señor que, aún
viviendo en la calle, cuidaba a un pequeño gato.

Este viernes, antes de ver la última función de “Mejor viuda que mal
casada” en el Pequeño Teatro Gran Vía, tuve la fortuna de tropezarme con
este señor. Estaba en el mismo lugar, en la entrada de la cafetería
Starbuks. Junto a los cartones que le servían de asiento se encontraban
un libro, un arenero, comida felina, un transportín y su gatita Deisy.
Me acerqué para charlar con él y aceptó de buen grado. Diversas
circunstancias lo habían llevado a vivir en la calle, entre ellas el no
tener trabajo. Sabe que existen albergues en los que poder dormir, pero
él prefiere hacerlo debajo de un puente. ¿Por qué? “Porque en los
albergues no me dejan llevar a mi gata y no la voy a dejar atrás”.
A Deisy la encontró en un contenedor de basura en Alicante, cuando ni
siquiera había abierto los ojos. La alimentó a base de biberón y tenía
muy claro que su gata irá a donde vaya él. “Me da muchísima compañía.
Tiene 4 meses y lo de ella es dormir, comer y jugar”.
La
expresión de Jesús cambiaba cada vez que miraba o hablaba de su gatita.
Alababa el cariño y la compañía que esa miniatura de cuatro patas le
proporcionaba. Un cariño y una compañía mutua, ya que Deisy está feliz a
su lado.
Ésta es la otra cara de la crisis, es la otra cara
del ser humano. Cuando lo has perdido todo, pero eres incapaz de olvidar
a alguien que está a tu cargo, que te da pequeñas alegrías y horas de
juego. Cuando se es capaz de renunciar a una cama y a un techo, para “no
dejar atrás” a quien nunca te abandonará.