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24 ago 2012

Jesucristo nos dió a conocer el sentido de la vida... del mosquito


Jesucristo en persona

Esta tarde mientras conducía mi auto un mosquito se estrelló contra el parabrisas, dejando una asquerosa y pegajosa mancha amarilla.

Supongo que el creador tenía un propósito para aquel animal.


Sí, en aquel momento me di cuenta de que la vida del mosquito tenía un sentido: posiblemente succionar la sangre de algún mamífero y provocarle picores a la par que transmit
irle alguna mortal enfermedad.
Sí, la vida de aquel microscópico animal tenía un enorme sentido.

Aquel insignificante animalillo estampado en el cristal, era tan consciente de los misterios del universo como cualquiera de esos peatones que a los lados de la calle se afanaban en sus tareas cotidianas circulando por las aceras, ensimismados en sus quehaceres diarios y buscando su propio sentido en la vida:

Algunos de esos peatones buscaban a quien succionar la sangre en su propio beneficio.

Otros parecían tener mucha prisa, pensaban que su misión en la vida consistía en llegar a lo más alto de la pirámide del poder, como un insecto que se afana instintivamente por subir a lo más alto de una ramita.

Unos terceros invertían toda su vida en tejer el gran capullo que sería su tumba. Toda esperanza era un maravilloso renacimiento como mariposa tras su muerte, creyendo que su objetivo era complacer y alabar a un creador, invirtiendo su vida para aparentemente recoger un premio en la otra vida.

No son más que mamíferos con cerebro de mosquito, y comprendí que era precisamente aquel mosquito y no esos humanos, quien volaba libremente y sin ataduras por los cielos.

Accioné una palanca y un chorro de agua seguido por un par de gomas limpiaron la mancha de mi parabrisas.

Ahora todo se veía más nítido.

Salud.


28 ene 2012

Superman Red Son me hizo llorar

Recién termino de leer Superman Red Son; una obra que nos plantea "qué hubiese pasado si el cohete de Superman se hubiese estrellado en la Unión Soviética en vez de Kansas?"

Lo único que puedo decirles ahora es que todavía persiste en mi un cosquilléo que todavía sigue haciendo eco en mi nuca. Es demasiado fuerte esta obra. Demasiado grande para contener una lágrima.

Quien lea comics o historietas no puede morir sin haberlo leído.



Reseña de la obra: "Superman: Red Son es un cómic publicado en forma de miniserie entre abril y junio de 2003 por DC Comics bajo su sello Otros Mundos. Su autor, Mark Millar, creó el comic bajo la premisa "¿qué pasaría si Superman hubiera sido criado en la Unión Soviética?"

En Red Son, la nave espacial en la que viaja Superman aterriza en una granja colectiva de Ucrania y no en Kansas. La propaganda soviética describe a Superman como "el campeón de los obreros que lucha una batalla sin fin a favor de Stalin, el socialismo y la expansión internacional del Pacto de Varsovia".

La miniserie está dividida en tres partes que van desde 1950 hasta el año 2000, más un epílogo futurista."

18 dic 2011

Muertes y resurrecciones en el mundo de los comics

Superman, Batman, el Capitán América... son muchos los héroes que en alguna ocasión murieron. En un rol protagónico y central o en un cuadrito en el fondo y a lo pavote, la muerte de los héroes es un hecho bastante común dentro del mundo de los comics.

Héroes importantes, secundarios y de todas las épocas tarde o temprano han tenido la ocasión de morir y, del mismo modo, tras un lapso indeterminado de tiempo, revivir... o algo parecido (hacer de cuenta que no murió y se salvó, o sacarlo de un universo alternativo, la clonación, otras ideas y demás)




Hay muertes que terminan siendo incluso de relevancia cultural hasta para quienes no leen comics. Este es el caso de la primera vez que murió Superman. Puede que ese comic no haya sido de lo mejor, pero todo lo que sobrevino después definitivamente sí. Justamente, este asunto puede hacernos pensar en que muchas veces el matar a un personaje puede ser una excelente ocasión para dejarlo en un letargo que nos permita reinterpretar su mundo, sus valores... su escencia. Y luego resucitarlo con una larga y sedosa cabellera.

Creo que mis muertes favoritas son las de los diversos personajes que encarnaron a Flash, principalmente por el factor "cíclico" que esto implica (un niño se convierte en Kid Flash, luego crece y llega a ser Flash luego de la muerte de su sucesor. Sin embargo, este personaje tarde o temprano muere y este evento provoca que otro héroe adquiera sus poderes, quizás un posible nuevo "Kid Flash" y así sigue)

Es por esto que podríamos decir que tambien hay casos donde un héroe como individuo muere pero son envestidura y valores pasan a otro personaje con más o menos similitudes al predecesor. Esto ya le pasó al Spiderman del universo Ultimate (wassup nigga!)



Una de las cosas más creativas que tienen los guionistas es la manera en que se debanan los cesos para justificar la resurrección de un héroe. Algunas son geniales, como la de Superman. En serio (me da paja recordar cómo fue) mientras que otras tienen gusto a chamuyo a la hora de justificarlo (Linterna verde).

Tambien, característica curiosa y común en el mundo del heroismo (no solo en los comics sino en general) es que un héroe nunca muere de viejo. Siempre batallando, siempre sacrificandose por una causa. Pero nunca, nunca de viejo, enfermedades o cualquier otra forma de muerte "pasiva".

Al día de hoy el único héroe que tengo entendido que tuvo la posibilidad de envejecer, tener cierta decadencia física y morir de viejo es Joseph Joestar, protagonista de una etapa en la titánica serie Jojo's Bizarre Adventure, pero es un caso muy extraño, demasiado en una serie que, justamente, se caracteriza por ser un exponente constante de lo bizarro.



Y bueno, eso es todo lo que se me ocurre. Dale, no sean cirujas y escribanse algo.

4 may 2011

Bin Laden y la última aventura de Superman



Por Ariel Dorfman *
¿Puede ser una suprema coincidencia? ¿O acaso hay gato –o superhéroe– encerrado?
Para entender por qué ahora, justo ahora, en esta de todas las fechas posibles, se llevó a cabo el ajusticiamiento de Bin Laden, tal vez sea necesario vincular su muerte repentina y deseada con dos acontecimientos aparentemente desconectados que surgieron la semana pasada.

 Como suele pasar, este tipo de artículos son poco gancheros y 
bien densos de seguir así que acá les servimos un bonito y a veces 
inquietante recreíto visual para tener una dosis de sana dispersión 
de tanto en tanto ò_ó♥

El primero, que causó entre fanáticos de la guerra entre el bien y el mal casi tanta consternación como el asesinato del funesto y lúgubre jefe de Al Qaida, aunque menos júbilo, fue el anuncio de Superman (en la historieta número 900 de aniversario que celebra sus peripecias) de que pensaba ir a las Naciones Unidas para renunciar a la ciudadanía norteamericana. El Hombre de Acero que, desde su primera aparición inaugural en la revista de historietas Action de junio de 1938, se viste con los colores de la bandera yanqui y actúa en nombre de los valores norteamericanos, llegó a tan drástica decisión después de sufrir los reproches del encargado de seguridad del gobierno estadounidense (un hombre de raza negra con un peregrino parecido a Colin Powell) por haber volado hasta Teherán para demostrar durante veinticuatro horas su solidaridad con los manifestantes de la revolución verde que protestaban contra el despotismo de Ahmadinejad y sus secuaces. El gobierno de Irán (en la historieta, por cierto, ya que dudo de que los ayatolas reales se dediquen a leer solapadamente las aventuras de Superman) denunció tal acto –por silencioso que fuera, y animado por la no violencia– como una injerencia del Gran Satanás en sus asuntos internos, casi como una declaración de guerra. Me desagradan sobremanera los autócratas de Irán, pero no se les puede objetar su lógica al aceptar las palabras del propio Hombre de Acero respecto a encarnar desde hace décadas “truth, justice and the American way” (“la verdad, la justicia y el modo de ser/proceder de EE.UU.”). Así que Supermán, para poder obrar desde ahora en adelante más allá de las fronteras nacionales y los intereses circunstanciales de cualquier Estado, se vio obligado a establecer su independencia frente a su país adoptivo. Porque, en efecto, Supermán no nació en los Estados Unidos sino que en el planeta Krypton, llegando de bebé (sin pasar por aduanas ni inmigración) a Kansas en una diminuta nave espacial, siendo acogido en ese territorio, en mero centro de EE.UU., por los Kent, granjeros que personifican precisamente la “American way”. Era Ka-El. Sería Clark Kent.


Es difícil exagerar la indignación con que este acto audaz de renuncia a la ciudadanía, esta “bofetada”, de Superman fue recibido por el pueblo norteamericano. He leído (¡en serio!) blogueros que llaman a deportar a su planeta de origen al nuevo campeón del internacionalismo (como si fuera un mexicano “ilegal”), y ya circula una petición para que los ejecutivos de la Time Warner (dueños de la empresa que mercantiliza a Superman) fuercen a los autores de la historieta a retractarse. Y múltiples comentaristas conservadores habían visto este insulto del superhéroe como la prueba definitiva de la decadencia del país más poderoso de la tierra: ¡hasta el ídolo que representa más universalmente nuestro modo de vida nos está dando la espalda!
No sé si el presidente Obama sigue atentamente las aventuras de Supermán (se sabe que es un fan del Hombre Araña, de cuyo origen neoyorquino no caben dudas), pero alguien tiene que haberle llamado la atención sobre la merma de prestigio que significa la deserción de un tal titán. 



¿Qué pasa, por ejemplo, si el Hombre de Acero, adalid de los desposeídos, decide cerrar Guantánamo o usar sus ojos de rayos equis para liberar algunos Super Wikileaks, ahora que ya no jura lealtad a la bandera norteamericana? ¿Qué pasa si se pone al servicio de una potencia como China? –aunque, pensándolo bien, no hay mucha Verdad o Justicia en ese país, así que seguramente no aceptaría ese tipo de alianza. En todo caso, los consejeros de Obama tienen que haberle explicado que la defección de Supermán debía tratarse como una inmensa crisis cultural e ideológica que incluso podía costarle al presidente su re-elección, puesto que los republicanos ya cocinaban planes para acusarlo de haber “perdido” a Superman (como si fuera Cuba o Vietnam).
La respuesta de Obama fue genial: al matar a Bin Laden, probaba que EE.UU. no necesita a un hombre musculoso que vuela y atraviesa paredes para defenderse de los terroristas, que para eso tiene helicópteros y Navy Seals y computadoras y armas –cómo que no– de acero. Un modo de restaurar la confianza nacional que estaba a mal traer y que difícilmente podía tolerar otro menoscabo a su aureola.
Claro que antes de que pudiera realizarse aquella operación en Pakistán Obama tenía que arreglar otro asunto, un problema que lo rondaba hace varios años. ¿Cómo iba a pararse frente al mundo y revelar el asesinato de Bin Laden en nombre de los Estados Unidos si un insólito porcentaje de su propio pueblo dudaba de que el presidente fuera, en efecto, norteamericano? ¿Cómo crear el contraste con el tránsfuga Supermán si a Obama mismo se lo acusaba de haber nacido en el extranjero, en Kenya, que, como se sabe, está mucho más lejos de Kansas que el planeta Krypton, por mucho que los tres lugares compartan la Kafkiana letra K?



Y de ahí que Obama produjo hace unos días su certificado de nacimiento, tapándoles la boca a quienes lo señalaban como un “alien” (ajeno, extranjero, pero también “alien” significa extraterrestre, otro significativo paralelo entre el presidente y el Super-héroe). Por cierto que un grupo de conciudadanos suyos sigue creyendo que Obama no nació en territorio norteamericano. Insisten en que el documento se falsificó y que el hospital fue sobornado y que la madre (¡nacida originalmente ni más ni menos que en Kansas!) trajo al niño de contrabando a Hawaii porque sabía que en cuarenta y tantos años más ese niñito mulato sería presidente. Se me ocurre que la única manera de que esos recalcitrantes acepten de que Obama nació en EE.UU. sería que se blanqueara enteramente la cara y toda la piel. Ya no sería, entonces, un “alien”.
Pero para la mayoría de sus compatriotas, Obama logró en una semana una verdadera y triple proeza. Habiendo probado que era un presidente legítimo, pudo, armado de su certificado de nacimiento y también del ejército más vigoroso del globo, eliminar al siniestro enemigo número uno de los Estados Unidos. Y sin que interviniera Superman.
¿Y ahora qué?

 

Ahora, propongo una hazaña de verdad: ya que la razón por la cual Bush invadió Afganistán era debido al amparo que los talibán le ofrecieron a Bin Laden, ¿no ha llegado el momento de retirar todas las fuerzas norteamericanas de ese país de montañas y guerrillas?
Estoy seguro de que Superman, en conjunción con las Naciones Unidas y esgrimiendo su nuevo pasaporte cosmopolita y global, estaría feliz de ayudar en el transporte rápido de la tropas. Sería bonito que lo leyéramos en las próximas aventuras del Hombre de Acero, sería alentador que Obama y Superman –ambos con sus orígenes en Kansas, ambos menospreciados por ser “extranjeros”– colaboraran para crear por lo menos un pequeño oasis de paz en un mundo donde desafortunadamente escasean por ahora tanto la verdad como la justicia.
* Su última novela es Americanos: Los pasos de Murieta.

Fuente del quotéo: http://tinyurl.com/67qgfjy

12 ene 2011

La debilidad de....

-La debilidad de Superman es la Kriptonita.

-La debilidad de los judíos son los campos de concentración.

-La debilidad de los rollingas son las vengalas.

-La debilidad de Romina Yan son los ataques al corazón (sazonados con una buena dosis de anorexia).

-La debilidad de los nazis es (según American History X) un nazi más grande que se los culee.

-La debilidad de Marcelo Tinelli es un cable insertado en sus testículos que suelte electricidad si la emisión de su propia TORTURA descienda a menos de 40 puntos de rating.

-Mi debilidad es el cáncer (soy débil contra el cáncer y el humor cruel)