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24 sept 2012

Se viene que se viene la película de Los Simuladores! [Quotéo épico]



Fuente: La Voz

Los simuladores: ¡se viene la película!

Una de las series más exitosas de los últimos años tendrá una prolongación en el cine. Federico D’Elía dio pistas sobre una realización que promete ser exitosa.

Los cuatro justicieros que se agruparon bajo el mote de “Los simuladores” están evaluando la posibilidad de ofrecer a los fanáticos un nuevo y magistral episodio de la genial serie, pero en formato cinematográfico.
Santos, Lampone, Ravenna y Medina se volverían a reunir, bajo la dirección de Damián Szifrón, en el operativo de logística que la audiencia estaba esperando: la película de Los Simuladores. Al menos eso afirmó uno de sus protagonistas, Federico D’Elía, en la red social Twitter. “A minutos de arrancar reunión para avanzar y darle un poco más de forma a la película de Los Simuladores”, tuiteó el actual actor de La Dueña. Horas después publicó otro esperanzador tuit: "Fin de la reunión, bien... Avanzando lentamente. Si sale todo como pensamos, va a ser una bomba”.
En diálogo con el sitio Ciudad.com D’ Elía declaró: "La realidad es que nos juntamos con Martín Seefeld y Damán Szifrón para ver si podemos hacer la película. En un principio, el guión y la dirección serían de Szifrón, y estaríamos junto a Diego Peretti y Alejandro Fiore, igual que en la televisión. Si no estamos todos, no se hace. Pero por ahora estamos empezando, son las primeras reuniones. Lo que sí te puedo decir es que tenemos muchas ganas de hacer la película de Los Simuladores".

 Los simuladores que simularán a ser Simuladores

15 sept 2012

“Llevaba 40 años usando mal el bidé” [Quotéo épico!]

Fuente: me chupa un huevo la fuente! bueno está bien, dejo el link acá




Antonio Luján asegura ser víctima de una educación deficiente y también del individualismo humano. Pedagogo de profesión, descubrió por casualidad “viendo un YouTube” que el bidé es usado comúnmente para limpiarse los genitales, el ano y, en ocasiones, los pies. Llevaba 40 años utilizando el bidé para lavarme la cara diariamente. 40 malditos años. Mi mujer lo sabía, me había visto hacerlo, y calló para no violentarme. Por supuesto, ella sí lo usaba correctamente”, se lamenta.

 Héroe de esta aventura y desventura

Según Luján, el suceso trasciende la mera anécdota. “Obviamente lo del bidé es sólo un síntoma, una prueba de que no puedo confiar ni siquiera en mi propia familia. Si mi esposa y mis cinco hijos han callado ante esta barbarie cotidiana, dejando que sumergiera mi rostro donde antes ellos habían puesto los genitales, es que estoy completamente solo en el mundo”, argumenta el entrevistado.
Antonio ha hecho las maletas. “Necesito estar solo en estos momentos. Pasaré unos días en una pensión. Sin bidé, por supuesto. No lo soportaría”, confiesa. Su familia no entiende su reacción, considera que está exagerando ante un simple malentendido. “Racionalmente sé que hay muchas otras cosas que deberían compensarme, soy consciente de que hay cariño y respeto en mi casa. Pero a nivel emocional me siento como si mis seres queridos me hubieran restregado por la cara sus partes pudendas. El silencio es complicidad. Si dejas que tu padre meta la cara donde tú metes el pene, ¿dónde termina la persona y dónde empieza el animal?”.
“La experiencia que he vivido me ha hecho ver que no estamos educando correctamente a los niños en lo que a higiene íntima se refiere”, reconoce Luján. “Yo asociaba el lavamanos a las manos, el inodoro a las partes íntimas y el bidé a la cara. No me parece descabellada la asociación, pero era errónea. Y el pedagogo que hay en mí está especialmente dolido al no haberse dado cuenta de algo tan básico”, explica.
Pese a todo, se niega a caer en el resentimiento. “Me aparto como un animal herido para reponerme. Volveré con los míos cuando les pueda mirar a la cara. Esa misma cara en la que ellos, de alguna manera, se han estado meando durante cuatro décadas”. Dice esto al tiempo que, usando un tenedor, intenta terminar la sopa que le han servido en el restaurante donde nos hemos citado. Mueve el brazo muy rápidamente, intentando que el líquido llegue a su boca sin perderse por el camino, y cuando se cansa come migas que extrae de la barra de pan con una cuchara, como si comiera helado. Aturdido ante el espectáculo, le miro con ternura sin atreverme a decir nada.