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1 jun 2012

Héroes de medio metro [quotéo]

Fuente del quotéo:  Jot Down




Decía El Principito: “Todas las personas mayores fueron al principio niños. Aunque pocas de ellas lo recuerdan”. Todos hemos jugado a ser héroes. Soñarnos en capa y calzoncillos para rescatar volando a una doncella. Imaginarnos bomberos en el infierno, soldados del futuro en una batalla interestelar o exploradores de un territorio inhóspito. Nos vendieron que los héroes eran siempre adultos. Pero ¿Cuántos años tiene Bob Esponja? ¿Por qué el modelo es casi siempre el maduro? Quizá por envidia. He aquí unas cuantas historias que lo demuestran.
 Los familiares despiden a SuperBaby en su primer viaje para salvar la tierra. Fuente @Elzo_
Cuenta la leyenda que a todos los niños holandeses, cuando salen a la calle, se les enseña a vigilar con detalle los diques del país que crece más abajo del nivel del mar para ayudar a prevenir una catástrofe. Cuenta la leyenda que hace muchos años, durante una fuerte tormenta, uno de ellos encontró una agujero por el que brotaba un surtidor artificial cada vez más grande. El instinto le llevó a trepar por el costado de la presa y taponar aquel peligro inminente con su pequeño dedo: “Holanda no será inundada mientras yo esté aquí” —se dijo—. Dos días con sus noches permaneció el niño sin mover ‘un solo dedo’ hasta que alguien casualmente le auxilió. El niño es hoy un héroe postizo nacional por el valor de su ingenuidad. Perder esa ingenuidad es perder un estímulo para mejorar el planeta…
La disposición para cambiar el mundo de estos ‘locos bajitos’ suele estar acotada a su entorno. Pero a veces, las señales que dejan estimulan hasta el último rincón de la capacidad adulta para conmoverse. A modo de moraleja y lección vital frente al egoísmo que nos regala el ir creciendo. El mundo —esta vez real— de Elena Desserich, de seis años, se reducía a su entorno familiar. Una terrible enfermedad limitó la escala de su percepción a las paredes de su casa y del hospital, pero como heroína de metro y medio no dejó de luchar para alcanzar los objetivos en los que creía. Con cinco años empezó a sentir los síntomas de su mortal enfermedad y al adquirir conciencia de su destino empezó a fabricar una lista de prioridades a cumplir antes del asumido desenlace. Nadar con delfines, hacer esquí acuático, conducir un coche… Un día, un deseo… solo 6 años.
Hasta ahí una historia brutal que marcaría la memoria de cualquier familia, pero que no exportaría al mundo la suficiente trascendencia. Elena decidió que su huella vital debería ser mayor. Con seis años se sentía responsable de su entorno y le aterraba la idea de su hermana pequeña jugando sola, y echándola constantemente en falta. Quería ser inmortal en su casa y desafiar al vacío que provocaría en unos meses. Elena urdió en secreto un plan. Para comunicarse con ellos desde el ‘más allá’ iría escondiendo ahora cartas y dibujos por toda la casa con mensajes de apoyo y cariño que sorprenderían a su familia en la rutina de su ausencia. Una ingenuidad con una carga emotiva que daría la vuelta al mundo.
 Alguno de los dibujos que escondió Elena por toda su casa antes de morir.
Nueve meses escondiendo notas entre los viejos libros de la biblioteca, en esa mochila olvidada de su madre, en los infinitos rincones del cuarto de juegos… Elena murió en 2007 pero su familia disfrutó de su cariño inmortal unos cuantos años más…
“Estábamos moviendo unas cajas olvidadas y entre algunos de los libros  se desprendió una pequeña nota [...] Cada vez que encuentro y leo uno de sus mensajes es como sentir un pequeño abrazo de mi pequeña..”  Brooke Desserich, madre de Elena.
Al otro lado del mundo rico los problemas se relativizan. Aún así, se puede decir que la vida no comienza con buen pie cuando tu padre te vende por 600 rupias —10 euros— a un fabricante de alfombras para pagar la boda de tu hermano. Iqbal Masih (Pakistán, 1982) nació y murió esclavo de una casta a la que no quería pertenecer. Su vida fue una inmersión en lo más profundo de la iniquidad humana. La desprotección total de los derechos de los más débiles. Pertenecía a los ‘intocables’ y era niño. O sea, la escoria.
Iqbal Masih no conoció la escuela, con siete años trabajaba en turnos de doce horas para pagar los intereses del préstamo de su familia. Con diez años eran ya quince horas manejando el “kangi” para apelotonar los nudos de una de esas alfombras que acabaría en el salón de cualquier orgullosa abuela europea. El tradicional ‘paishgee’ era la forma de subvencionar un rito ancestral por la casta menos valorada. El problema es que la usura de estos préstamos se iba acumulando conforme la familia pedía y faltaba a los pagos de los patronos. En 1992 el préstamo por Iqbal había llegado ya a las 12.000 rupias y era insostenible. Pero ocurrió algo que cambiaría para siempre la historia de la explotación infantil y los derechos de la infancia.
 Un ‘garotinho’ armado hasta los dientes dispuesto a hacer frente a la policía de Río de Janeiro. Fuente
Iqbal, macerado toda su vida en la injusticia del abuso sociolaboral, asistió a una charla de un pequeño grupo sindical que había conseguido denunciar a uno de esos patrones abusones. Conoció por primera vez lo que era un derecho, sus ojos se abrieron, su espalda se enderezó y sus objetivos cambiaron. Durante aquel improvisado mitin alguien aleatoriamente acercó un micrófono a Iqbal para que contase su historia: “Me llamo Iqbal Masih…”, el resto del discurso fue lo suficientemente conmovedor para que Iqbal abandonara el taller y pudiera dedicar el resto de su vida al ‘Frente de Liberación de Trabajos Forzados’, que se hizo cargo de su deuda.
Murió el esclavo y nació el activista. En solo un par de años ayudó a cerrar decenas de talleres ilegales, protagonizó un documental denuncia contra la esclavitud infantil, recibió varios premios internacionales con los que ayudó a levantar una escuela y, cuando estaba a punto de ser recibido por la primer ministro, Benazir Bhutto
El 16 de abril de 1995 (desde entonces día mundial contra la esclavitud infantil) Iqbal  fue asesinado de un disparo de escopeta por la misma mafia que intentaba destruir. Tenía solo trece años. Macabro epílogo de una historia que parece diseñada para adultos pero que protagonizó un niño al que convirtieron muy pronto en mártir comercial por la causa. Murió el activista, nació el mito…

Y es que, en cualquier rincón del mundo, siempre hay un ángel anónimo dispuesto a dar una lección fuera del alcance de muchos de los que se hacen llamar sus educadores. Lecciones disfrazadas de ingenuidad y vendidas con la sinceridad de un niño que le toca diferenciar el bien del mal en situaciones normalmente límites. Brenden Foster, de 11 años, lo tenía claro. En 2005 le diagnosticaron una leucemia. En noviembre de 2008 ya tenía consciencia de su fecha de caducidad, concretamente tres semanas más tarde. Un niño en el corredor de la muerte natural es una maldad que nos ha vendido el progreso para ponernos a prueba. Brenden era preso del destino y del agasajo de la compasión adulta. En la penitencia sus deseos eran órdenes para el entorno compungido. Podía pedir lo que quisiera, que le sería concedido. Y así hizo. Agua y comida. Su último deseo fue que llevasen agua y unos sandwiches a un grupo de indigentes que había visto viniendo al hospital. No quería una consola, ni compasión, ni siquiera subir la dosis de droga que mitigara su castigo. A las dos semanas de su muerte ya se había constituido una fundación con su nombre que repartía comida a indigentes por todo Seatle, recaudando cien mil dólares en donaciones.
 Brenden Foster decidió que su última voluntad era hacer sandwiches para indigentes. Fuente
La clave no está en la trascendencia, sino en convertir las herramientas que la rutina pone a tu alcance en instrumentos para forjar tu leyenda. Drew Cox (6 Años) no tenía dinero, ni recursos, ni una farmacéutica que chantajear para el tratamiento de quimioterapia que necesitaba su padre enfermo y sin tarjeta sanitaria. Con seis años no se tiene nada, solo aprecio por los que te han regalado la vida y apenas capacidad para hacer una simple limonada. ¡Pues vende limonadas! Así de simple. Drew fabricó con trazo trémulo el cartel: ”Please help my Dad.” y se puso a vender limón con agua en vasos de plástico a la puerta de casa. La compasión adulta, la conmoción y 10.000 dólares en donativos hicieron el resto. Lo que nace como chiquillada acaba siendo una proeza… a pesar de ello muchos siguen pensando que los niños son solo marionetas, pero al dejarte conmover son ellos los que te manejan.
A veces los gestos no sirven para nada. O eso interpretamos los mayores. Sadako Sasaki (11 años) vivía a tan solo kilómetro y medio de la zona cero de Hiroshima. Sobrevivió a la deflagración pero no pudo con la leucemia. Sadako se acogió a la tradición oriental al saberse enferma. Una amiga le contó que si hacía mil grullas de papel un deseo imposible le sería concedido. Y a él se agarró, pero no solo por ella, sino por las de decenas de compañeros del hospital con su mismo problema. Murió cuando llevaba 644 grullas. Su compañeros acabaron la faena. Y a los pies del monumento a su nombre en el Parque de la Paz de Hiroshima nunca faltan, desde hace cincuenta años, unos cuantos miles de grullas de papel para completar la simbólica cadena.
 Monumento a Sadako Sasaki en el Parque de la Paz de Hiroshima. Fuente
Los niños no nacen insolidarios, artificiales o clasistas. Somos los padres los que vamos minando su naturalidad para moldear un carácter más moderado y receloso. Parece que dar rienda suelta a ese instinto fraternal infantil es cursi y presuntuoso conforme vas creciendo porque no es productivo socialmente y porque los deseos de estos pequeños héroes no valen más que para emocionar a sus semejantes. Pero, como hemos visto, siempre hay una lección para los mayores. Los grandes cambios surgen y se inspiran en la suma de estas pequeñas y espontáneas reacciones. Como las grullas de Sadako. Y nosotros no nos queremos dar cuenta.

“Las personas mayores nunca son capaces de comprender las cosas por sí mismas, y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones.”Antoine de Saint-ExupéryEl Principito.

Tu hijo es siempre un superhéroe en potencia. No lo estropees.


8 ene 2010

Ejemplo de vida; ladrones torturados


Cruenta paliza a ladrones que entraron a robar a una casa donde despedían el año




El pasillo de Eva Perón y Sucre, donde ocurrió el robo. Los dueños de casa molieron a palos a dos ladrones, uno de ellos armado, y los ataron con alambre para entregarlos luego a la policía.

La última noche del 2009 fue de terror para un grupo de vecinos y dos ladrones en Eva Perón al 4900. Cuando faltaban dos horas para la medianoche, dos individuos aprovecharon que la puerta de una casa de pasillo estaba abierta y se metieron. A punta de revólver redujeron a nueve personas, entre las que había tres niños de menos de 10 años, miembros de una familia que se preparaban para sentarse a cenar. Los ladrones fueron violentos en especial con tres miembros de la familia, uno de ellos un nene de 10 años.

A las 22 del 31 de diciembre, Cristina, una de las dueñas de la casa de Eva Perón y Sucre, estaba terminando de acondicionar el patio de la vivienda para despedir el año y recibir el 2010. Cerca de allí los hombres de la casa preparaban el asado cuando por la puerta de ingreso —abierta porque acababa de retirarse un familiar— ingresaron dos muchachos armados. Un tercero quedó en la puerta de campana. Los ladrones entraron por un pasillo y ganaron el patio de la propiedad, que está dividida en dos pequeños domicilios y un taller de herrero.

Pero la suerte de los ladrones no tardó en cambiar. Uno de los ocupantes de la casa se trabó en un forcejeo con uno de ellos. El maleante hizo tres disparos en el lugar pero pudo ser dominado. Mientras su cómplice huía fue sacado de la casa que pretendía robar a trompadas entre gritos desesperados de las mujeres que pedían ayuda. Al escuchar los pedidos de auxilio, los vecinos de la cuadra se asomaron. Y al enterarse de que se trataba de un ladrón se asociaron a lo que terminó siendo una golpiza descomunal.

"Todo el que pasaba, en auto o en moto, bajaba a pegarles",
recordó una mujer de la zona.

Tras huir, el compañero de andanzas del ladrón golpeado regresó a intentar rescatarlo y también fue aporreado. Cuando llegaron efectivos de la comisaría 6ª se encontraron con los maleantes atados con alambre de fardo contra una columna de la luz y una escolta de vecinos.

Uno de los ladrones tenía su rostro desfigurado. Tiene 23 años y un homicidio en un robo en 2003, cuando era menor de edad. Ayer se les secuestró un revólver 38. Su compañero tiene 18 años y prontuario abierto.

Robo y castigo. "Se lo merecían. Había criaturas y no les importó nada. A uno de los nenes, de diez años, le pegaron un culatazo en la espalda. Y a mi compadre, de 58, le abrieron la cabeza de un golpe", dijo Cristina de 33 años. A su lado estaba Mary, su comadre de 54, a quien tras el robo frustrado atendieron por un pico de presión.

A las 22 del 31 ingresaron dos muchachos armados. "Uno entró y agarró a mi compadre, de 58 años, junto a la escalera. El otro fue hacia donde estaba mi comadre con el nieto de 10 años. Los dos estaban armados", recordó Cristina. "Me pedía la plata. Qué plata, les decía yo, si somos gente pobre y trabajadora. Mi marido es herrero. Mi compadre yesero y yo empleada de comercio", explicó Mary.

Los ladrones golpearon a los hombres y al nene de 10 años para hacerse con una cartera y un celular. Pero fue en ese momento, mientras atesoraban tan magro botín, cuando uno de los dueños de casa se abalanzó y desarmó a uno de los ladrones.

"Forcejearon y el ladrón hizo tres disparos en dos veces. Mi marido le pegó en la espalda y el choro se iba como gateando. Cuando salió a la vereda íbamos todos detrás de él. Los otros ladrones huyeron. Yo empecé a los gritos que llamaran al 911. Así se asomaron los vecinos de la cuadra", recordó Cristina. Así, entre los autos que circulaban por la ex calle Córdoba, el ladrón sin fortuna cruzó de vereda. Pero los vecinos lo alcanzaron y a las trompadas y patadas lo volvieron a cruzar. A los golpes lo llevaron unos 40 metros por Sucre entre Perón y Santa Fe.

Calvario del ladrón. El reguero de sangre se detuvo contra una columna a la altura del 768 de Sucre. Ahí el asaltante fue atado con alambre de fardo que aportó uno de los vecinos. "Todos los que se quedaron en el barrio salieron a la calle y le dieron", insistió Cristina. "Pensamos que esto fue un robo al voleo. Venían a robar el almacén que está en Saravia y Perón, pero como don Tito cerró más temprano, se metieron donde pudieron", recalcó la mujer.

El que peor la llevó de los ladrones fue Emanuel Víctor Velazquez, de 23 años. "Lo dejaron irreconocible. Tiene la cara como una morcilla", indicó un vocero policial. "Cuando llegaron los móviles al lugar él y su cómplice estaban atados como chanchos con alambre", precisó. Se le secuestró un revólver calibre 38.

Entre sus antecedentes policiales Velázquez tiene un homicidio tras un robo calificado en 2003, cuando tenía 17 años, que está en el Juzgado de Sentencia 2ª. Su compañero de infortunio fue identificado como Brian Leonel R., de 18 años, también con prontuario según confiaron los investigadores.

Fuente:

pd: el título no es joda, ni un sarcasmo ni una ironía.


¿Ellos nos niegan nuestros derechos humanos?
Nosotros nos convertimos en monstruos, que ahora vayan y le reclamen sus derechos humanos a la policía....


y sino, hacer la gran Moe; "la próxima vez que quiera entrar a robar una tienda esta tendrá que tener rampa para discapacitados"



pd: la foto del hombre que ilustra la nota no tiene nada que ver con el artículo. lo siento, pero sabía que si no era por su magnetismo, nadie leería esta noticia. mis respetos a los familiares del sujeto.