Un tema recurrente suelen ser los defectos del mundo. La idiotez, la
arrogancia, y todas esas cosas que generalmente suelen atribuirse a un
tercero. En este caso tiro la iniciativa para hablar en todo caso de
algo más difícil, nuestros propios defectos. No los llamaría errores
porque, digamos, en este caso intervendría una cuestión más crónica.
En mi caso el defecto que más circula en mi cabeza últimamente (y que francamente anhelaría arrancarme)
es el hablar mal de un tercero. Quizás por ejemplo en una ocasión estoy
en un grupo de gente que habla mal de otra persona y entonces confío en
el criterio de ellos y, en un afan por disfrutar del desprecio
justificado, también aporto un grano de arena. Pero después capaz que
conozco a esa otra persona, veo que no me genera una sensación hostil
como creería y los roles se invierten. Esto es algo que no me gusta nada
y el sentir diversión por esto ciertamente me resulta en momentos de
reflexiva soledad como algo desagradable.
Otro
defecto que tengo es la falta de entusiasmo y constancia. A veces quiero
dibujar algo o escribir determinada cosa y el único modo ligeramente
artificial que logro emplear para disfrutar de ello es, por ejemplo,
sentir que dicha obra es similar a otra que admiro. Por ejemplo capaz
que quiero hacer un comic con bestias mutantes y entonces me pongo a
consumir material vinculado a las Tortugas Ninjas, por inventar un
ejemplo.
Mi tercer defecto a destacar es la
adicción a estar frente a la pc, pero creo que este blog es prueba fehaciente de ello.
En fin, cosas que pasan ¿y ustedes?
Hace 45 minutos
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