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24 jul 2012

El origen de la corrupción [quotéo]

 Fuente: el cronista sin fe

Estaban dios y el diablo en el cielo, contemplando la obra del creador. La bóveda celeste llamada cielo. La tierra. Las plantas, los animales. Los hombres. Dios estaba orgulloso de su obra y entonces en su dicha, hizo notar su parecer al diablo.
-¿Lo ves? Todo es tan perfecto, equilibrado y hermoso. Pues claro, no podía ser de otra manera, pues todo lo que ves es obra mía y por ello es perfecto y bueno.
Entonces, el diablo le increpó.
-Ciertamente, su majestad. Sin embargo, no todo puede ser bueno por siempre- planteó el diablo.
-¿A qué te refieres?- preguntó dios, quien en realidad lo sabía todo, pues él lo era todo. Sin embargo, disfrutaba del misterioso placer de aparentar duda. Entonces el diablo prosiguió.
-Mira por ejemplo al hombre. Dices que él es bueno, y sin embargo ¡pobre de tu ingenuidad! No tienes idea de cuán horrible potencial tiene tamaña criatura para pervertir su esencia. Dices que el hombre es bueno, pues es fruto de tu creación. Pero yo te apuesto y comprobaré que este no tiene por qué ser así. El hombre también puede ser corrompido, podrido y despojado de toda gracia.
Dios se imaginaba por donde iría la mano en el asunto, siendo que el diablo era el único ser capaz de llevarle la contra en algo. Esa falta de aprobación eran ocasionalmente percibida  como arrogancia, pero también como creatividad por parte de dios. Y él, siendo el ser creador supremo, amaba la creatividad. Pues entonces permitió que el diablo prosiguiera en su planteo.

-Pues entonces, ¿a qué quieres llegar con todo esto?- preguntó dios al diablo. Y el diablo dijo.
-Muy simple. Si me lo permites, te demostraré que el hombre es un ser corrupto.

Dios sabía hacia dónde conduciría esto. Sabía cómo empezaría, qué camino recorrería y cómo culminaría el asunto, pues él lo sabía todo; él lo era todo. Sin embargo, él nunca se quedaría en su infinito saber y suponer y siempre permitía que todo aconteciera al ritmo de la acción, siendo por esto que entonces le permitió al diablo llevar a cabo su plan, pues consideró que era bueno.

Fue así como entonces el diablo se sirvió de diversos medios celestiales para presentar al hombre algo contra lo cual no sería capaz de lidiar. El placer sexual. Hasta entonces, el hombre sólo acudía al sexo con fines reproductivos, pero el diablo liberó en él una cadena que le impedía siquiera reconocer la existencia de dicha tentación. Fue entonces cuando el hombre acudió al placer sexual.

Algunos hombres se entregaron con dicha a sus placeres. Pero otros no. Le tuvieron miedo, miedo de ser consumidos por él. Y entonces lo negaron. Algunos no podían aceptar que algo así consumiera tanto del tiempo y la energía del resto de los hombres. Y dios sabía hacia dónde conduciría esto.

Hay hombres que se resistieron a la tentación. Templaron su caracter, penalizaron a quien hable o disfrute de su sensualidad. Estas personas se endurecieron para resistir a la tentación, para temer a la tentación. El sexo era su enemigo y lo combatirían hasta el fin de sus días. Y dios sabía hacia dónde conduciría esto.

Los hombres que temían al sexo se fortalecieron y se convirtieron en los hombres de la ley. Entonces fueron capaces de apartar indistintamente al resto del mundo de la tentación del sexo, penalizando y castigando a quienes caerían en él. Sin embargo, estos otros hombres se negaban a apartarse del placer de la carne. Y entonces los hombres de la ley buscaron formas, castigos, métodos para apartar al hombre de la tentación.
Y dios sabía hacia dónde conduciría esto.

Muchos hombres, muchos cedieron a la tentación y la contuvieron. Pero unos pocos no. Unos pocos la practicaban sin apartarse a pesar de las represalias, a pesar de los castigos. Y entonces los hombres de la ley, conteniendo este comportamiento inapropiado, recurrieron apartar al hombre de la tentación aniquilando a los portadores de la tentación. Y entonces los hombres empezaron a perecer y morir con tal de que el placer sexual no dominara a la humanidad. El hombre siguió luchando y nunca cedió ante su anhelo de algun día ser libre de aquel placer.

Tiempo después el dios y el diablo se reunieron y contrastaron los resultados del experimento.
-Ahí lo tienes, dios. Tú que decías que el hombre era bueno. Ahí lo tienes, convertí al hombre en un asesino. El hombre ahora está corrupto.

Dios sabía hacia dónde conduciría esto. Sabía cómo empezaría, qué camino recorrería y cómo culminaría el asunto, pues él lo sabía todo; él lo era todo. Sin embargo, él nunca se quedaría en su infinito saber y suponer y siempre permitía que todo aconteciera al ritmo de la acción, siendo por esto que entonces le permitió al diablo llevar a cabo su plan, pues consideró que era bueno.

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